Miércoles 20 de Octubre de 2021

LOCALES

11 de mayo de 2020

A 46 años del asesinato del padre Carlos Mugica

En el mes de mayo, al cumplirse 46 años del asesinato del padre Carlos Mugica la Dirección de Derechos Humanos del Municipio de Paso de los Libres quiere rendirle su merecido homenaje, hoy más que nunca y en este contexto de pandemia por el coronavirus, la figura del padre Múgica se encuentra insoslayable en la incansable labor que realizan los curas villeros en los barrios más humildes.

Hace más de 50 años, Carlos Mugica y sus compañeros fundaron el Equipo de Sacerdotes para las villas. Hoy los curas y las comunidades de los barrios coordinan esfuerzos para el bien de los vecinos, especialmente aquellos que más lo necesitan. Son tiempos de hablar con hechos, codo a codo junto al pueblo, aprendiendo de los sectores mas vulnerados, “los nadies”, los que siempre deben adaptarse a situaciones nuevas y difíciles.

Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació el 7 de octubre de 1930, fue el tercero de siete hijos que nacieron del matrimonio de Carmen Echagüe y Adolfo Mugica. Carlos Mugica era integrante de una familia acomodada del Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires. A mediados de 1959 se consagra como sacerdote.

En el mes de enero de 1959 se produce un acontecimiento de particular importancia para los católicos, el Papa Juan XXIII convoca al Concilio Vaticano II que daría inicio en octubre de 1962, el mismo tenía por finalidad renovar la Iglesia, reducir el autoritarismo en su seno y acercarla a la gente principalmente a los más necesitados. Mugica y muchos otros curas jóvenes reciben estas novedades con entusiasmo, no ocurrió lo mismo con la cúpula eclesial que se esforzó por evitar a toda costa que los cambios llegaran a nuestro país.

El padre Mugica fue designado en la parroquia Nuestra Señora del Socorro en la Recoleta. Al arzobispado llegaban continuos pedidos de trabajo, vivienda, comida, etc; el arzobispo Caggiano decide que Mugica tiene las condiciones necesarias para atender a esa gente, esta decisión se constituirá en una posibilidad de acercamiento a las necesidades de los sectores populares.

Pero la decisión que más lo marcará a futuro es la designación como capellán en el año 1961 en la Villa 31 de Retiro, a partir de ese momento Mugica dedicó gran parte de su tiempo a ayudar a quienes habitaban la villa de emergencia.

“No tengo ningún inconveniente en predicar en ninguna iglesia del mundo, siempre y cuando se me deje decir lo que pienso. (Creo) que la misión del sacerdote es evangelizar a los pobres… e interpelar a los ricos. Y bueno, llega un momento en que los ricos no quieren que se les predique más, como sucedió…en el Socorro cuando me echaron (porque) las ‘señoras’ le fueron a decir al párroco que yo hacía política en la misa”.

Mugica fue preguntado reiteradamente sobre el tema de la violencia, lo que nunca se olvidó de señalar es que son las clases dominantes quienes ejercen la mayor violencia contra el pueblo, de la violencia de los poderosos ni los medios de comunicación ni instituciones como la Iglesia dicen una sola palabra: “A mí no me gusta la violencia. Pero el problema es que no puedo quedarme pasivo, tranquilo ante la situación de la terrible violencia institucionalizada que estoy viviendo porque, si lo hago, soy un asesino de mí pueblo que se está muriendo de hambre”.

Reclamarle la paz sólo a los oprimidos era dejarlos sin herramientas para su liberación, decía Mugica: “No hay paz si no hay trabajo o si hay que tener dos trabajos para ir tirando. Todo esto configura un estado de guerra, porque guerra es destrucción. Y carecer de alimentación, vivienda y ropa es ir destruyéndose de a poco. Por eso los cristianos, si queremos seguir teniendo derechos a usar el nombre de tales, tenemos que luchar con más fuerzas para acabar con la miseria y la injusticia de tantos hermanos nuestros…”

Mugica daba misa en la capilla Cristo Obrero dentro de la Villa 31 que había sido inaugurada el 28 de diciembre de 1971. En ese mismo año, el 2 de julio estalló una bomba en la puerta del edificio donde vivía Mugica, no hubo heridos, el cura no se encontraba ahí. Simultáneamente 4 hombres ingresaron a la Villa 31 buscando a Mugica pero tampoco lo pudieron hallar. La dictadura perseguía encarnizadamente a los militantes populares, los curas comprometidos con las luchas del pueblo también sufrían de estas acciones.

El sábado 11 de mayo de 1974 a las 14:30 Mugica fue a la Villa de Retiro a jugar un partido de futbol, luego se dirigió a la parroquia San Francisco Solano ubicada en Zelada 4771 de la Capital Federal, donde a las 19:00 horas ofició una misa, en el último banco se había ubicado uno de sus asesinos, el subcomisario Rodolfo Almirón, jefe de la triple de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA o triple A) cuyo fundador de la misma fue el Ministro de Bienestar Social, López Rega.

Mugica sale de la iglesia después de haber charlado con feligreses y amigos, cuando se dirige a su auto Almirón le grita “Padre Carlos” al darse vuelta recibe una ráfaga de ametralladora 9 mm, cuatro proyectiles impactan en su cuerpo.

Recién el 9 de octubre de 1999 el cuerpo de Mugica regresó donde seguramente hubiera querido descansar, la villa de Retiro, en la capilla Cristo Obrero que había construido.

La causa judicial por el asesinato de Mugica fue cerrada dos meses después de ocurrida la muerte, sin que el juez hubiese avanzado en lo más mínimo, fue reabierta 10 años después pero recién se reactivó en abril del 2008.

“No es posible que unos pocos tengan tanto; y tantos, tan poco. Sin odio en el corazón, unidos todos, debemos luchar…”

Padre Carlos Mugica (7/10/1930 – 11/05/1974)

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