Sábado 13 de Agosto de 2022

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14 de enero de 2021

Una kinesióloga sale de un estado grave y sorprende a sus hijos

Lorena es intensivista y estuvo en el hospital de campaña. Le dieron el alta, fue a su casa, tocó timbre y se reencontró con sus afectos con un abrazo interminable. Su esposo contó la lucha.

Lorena Benítez es licenciada en Kinesiología, especialista en terapia intensiva, tiene 43 años, al igual que su esposo, Alejandro Sosa, quien habló con República de Corrientes. Tienen tres hijos: Fátima, de 13 años; Valentín, de 9, y Trinidad, de 2 años. La imagen del abrazo luego de estar en terapia intensiva en el hospital de campaña, lugar donde también trabaja, muestra parte de lo que hoy está viviendo el personal de Salud. 
Hace unos años trabaja en la UTI del Hospital Llano. Se ocupó también de los pacientes cuando sucedió la pandemia de gripe A. Cuando empiezan a armar equipos, en marzo pasado, ella no dudó en formar parte del grupo de profesionales que atenderían pacientes con covid-19. Eran necesarios dos profesionales esenciales, un médico intensivista y un kinesiólogo con la misma especialidad, ya que son estos últimos los que ayudan a liberar los pulmones.
“Los kinesiólogos y médicos intensivistas son los que están más expuestos porque están al lado del paciente. Sabíamos a lo que se exponía cuando decidió formar parte del equipo, pero dijo que sí en un primer momento. Trabajó primero en el Llano y luego se fue al de Campaña. Estuvo en el Llano hasta que murió la primera víctima de covid, ese día esperaron hasta que retiren el cuerpo. Fue un momento muy feo, me llamó llorando porque se murió un paciente. La cosa ya venía fea pero eso de afuera no se veía. Ellos sí”, relató Sosa a este diario.
Las especialidades requeridas para esta pandemia serían principalmente médicos y kinesiólogos intensivistas y enfermeros. Como no se presentaron tantos profesionales, según comentaron, la mujer tuvo que hacer 3 guardias semanales en el hospital de campaña y una vez estuvo 28 horas adentro. Un médico, 36 horas. 
Además, seguía haciendo guardia en el Llano y, en octubre, vieron cómo empezaron a renunciar algunos médicos en centros de salud.
“Mi esposa, el 25 de diciembre, tenía guardia. Cenamos en Nochebuena y luego se despertó con temperatura, se tomó un paracetamol y se fue a trabajar. Hizo fiebre en el hospital y ahí la internaron. El 31 le dieron el alta para que pasara con nosotros. Ella siempre dio negativo, pero nos explicaron que, cuando ya tuviste, puede ser que te dé negativo. A los tres días volvió a estar mal y la internaron. Desembocó en una neumonía bilateral grave. Los pulmones estaban muy tomados. Estuvo en el de Campaña y luego en el Llano, donde la atendieron sus compañeros. En total fueron 18 días de internación”, describió Sosa, que es contador y docente. 
El martes recibió el alta médica, pero deberá seguir con tratamiento ambulatorio en su casa. “Tiene fatiga y le cuesta mucho caminar, va a requerir kinesiología”, dijo. 
“Mucha gente se hizo eco de la imagen y compartió porque es muy querida por todos. Mis hijos estaban desesperados, 13 días sin ver a la mamá. No avisé nada, no sabían que volvía y, cuando llegué, toqué timbre y se abrazaron un largo tiempo”, contó.
Por el momento, no vuelve a trabajar por un mes, “no está en condiciones de caminar”. “Los médicos anímicamente están destrozados. Esta es una batalla que se perdió, no quiero decir guerra, y en el camino dejaron todo lo que tenían y vieron morir a colegas y amigos”, relató.
“Los médicos llegan al hospital y se desahogan. Es ahí donde lloran junto con sus colegas. Entran a una guardia donde están mil horas trabajando con un paciente y después al otro día les dicen que falleció. Eso los destroza. El trauma no se va a ir tan fácilmente, esto quedará grabado y requerirá años de tratamiento psicológico. Ella no quería quedar internada porque decía que se iba a morir”, describió, emocionado, Alejandro. 
Los “parámetros son buenos, por eso le dieron el alta”. “Lo primero que hace el covid es inutilizarte los pulmones y de ahí viene la necesidad de medirte la saturación de oxígeno”. 
“El día que la trasladaron apenas podía levantar la mano, después empezó a sentarse y caminar. Se agitaba. Hoy está haciendo rehabilitación por la dificultad respiratoria. Tomografías y placas. Hay secuelas  también, como la falta de ganas y fuerzas. Es común luego de una neumonía bilateral. Las consecuencias psicológicas son de por vida, todo lo que vivió fue muy duro”, dijo.
En cuanto a lo que hoy necesitan, el hombre que vio a su compañera exponer su vida para salvar a pacientes expresó: “El personal necesita ayuda y oraciones, esto está colapsado y, como estamos viendo todo, no creo que haya una solución en el corto tiempo. Detrás de una picardía, como salir a reuniones sociales, hay una mamá de 3 niños que estuvo a minutos de ser intubada. Y este es el último paso; luego, no hay salida. Gracias a Dios, ya está en casa”.

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