Lunes 29 de Noviembre de 2021

4 de mayo de 2021

Martín Guzmán vs Axel Kicillof: una tensión que trasciende a los personajes

Diferencias por las tarifas y el auxilio económico enfrentan al actual ministro de Alberto Fernández con el gobernador, ex ministro del área y favorito de Cristina Fernández.

a tensión y los mensajes cruzados entre un grupo y otro es algo palpable para cualquier observador. Lo que comenzó como una intriga palaciega y tironeos entre egos lastimados y el espacio de poder como objetivo de corto plazo, escaló hasta una disputa que trasciende a sus propios líderes visibles.

En un rincón, el actual ministro de Economía, Martín Guzmán, egresado de la prestigiosa Universidad Nacional de La Plata, que siempre se resistió a ser un apéndice de la corriente de pensamiento mayoritaria en su hermana mayor, la UBA, de donde egresó el actual gobernador de Buenos Aires y último ministro de Economía de la gestión de Cristina Kirchner, Axel Kicillof.

Luego Guzmán hizo su doctorado en la Universidad de Brown y comenzó a trabajar como asistente en la Universidad de Columbia del Premio Nobel Joseph Stiglitz, hasta hace poco el tótem del Instituto Patria por su visión crítica del capitalismo. Claro, como decía CFK, en Argentina mueren todas las teorías económicas y también la concepción de la heterodoxia: ahora Guzmán es señalado como complaciente con la visión “de derecha” en las encrucijadas a las que la pandemia empujó a la maltrecha economía argentina.

Para el círculo rojo, Martín Guzmán había dado pruebas suficientes de constituirse en un reaseguro para lo que más temían: una versión más afilada y sin medias tintas del experimento que Kicillof encarnó en la segunda parte de la administración Cristina. “Lo que decía era música para nuestros oídos”, contaba a NOTICIAS un fiel representante cuando lo que se discutía era si el Gobierno debía prestar atención al déficit fiscal ante la perspectiva de un año libre de Covid y lleno de oportunidades para la recuperación.

Hoy es un hecho que la economía deberá someterse nuevamente a algún tipo de restricciones sanitarias que rebajará las previsiones de crecimiento del 8% que había hasta febrero pasado. Y desnuda las distintas posiciones en torno a varias cuestiones:

Tarifas

El último round fue por la postura subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, que mantenía una posición diferente a la de sus nominales superiores en el Gobierno sobre la actualización de las tarifas de servicios públicos. Para que cierre el presupuesto pueda cerrar con algún resultado parecido al presentado oportunamente, debían actualizarse las tarifas para compensar el congelamiento de un año y medio y achicar los subsidios con los que el Gobierno Nacional viene sosteniendo un precario equilibrio en el sector.

La posición de Basualdo, en realidad la cara visible de una postura irreductible en el kirchnerismo conurbano-dependiente es que nunca podría ser más de un dígito. Atrás quedó la promesa de revisar para que algunos que están “en condiciones” pudieran pagar más. Una frase que quedó pedaleando en el aire por falta de un verdadero plan para ejecutarla. Para el Instituto Patria queda la imagen que, justamente, la batalla por actualizar las tarifas atrasadas que heredara Macri, significó para el anterior Gobierno una derrota.

Moneda

Las cuarentenas dejaron a Guzmán con la emisión monetaria como la única alternativa para financiar un gasto creciente por ayudas extraordinarias a empresas, trabajadores y cuentapropistas. Era apagar el incendio de alguna manera que le ganaba al temor a un brote inflacionario. Finalmente, el IPC del 2020 arrojó una suba del 36%, altísima para la región, pero un regalo para un crecimiento de la base monetaria de más de 55% durante ese mismo año. Para la visión K, esta es una muestra que la teoría monetarista que restringía la cantidad de dinero en circulación no era aplicable en una economía tan diferente como la argentina.

Inflación

Por si acaso, Economía previó una segunda ola inflacionaria cuando los índices pasaron de la franja de entre 1,5% y 2% al piso de 3,5% e incluso parecieron estacionarse en la de 4% a partir de enero. La promesa de alcanzar un 29% en todo el año implicaba, con una proyección de 3,7% que C&T Asesores Económicos estima para abril (el INDEC lo dará a conocer la semana que viene), que los precios minoristas no debían subir más del 1,5% de mayo a diciembre.

Una utopía viendo como la recaudación sufrirá por las cuarentenas parciales y el gasto subirá por las ayudas, por mínimas que resulten. La solución de Economía era administrar precios, pero sobre todo no inundar la plaza de pesos. Para la escudería Kicillof, operar directamente desde su bastión de la Secretaría de Comercio, una dependencia que, como en la época de Guillermo Moreno, no guarda relación jerárquica con los ministros del área. Conclusión: declaraciones, anuncios de más controles y de monitoreo del sistema de comercialización de la carne.

Retenciones

El arma favorita del kirchnerismo para domesticar al foco rebelde del campo es vista por Martín Guzmán como una forma de aliviar el costo fiscal del año: el boom de los precios agrícolas se traducirá a lo largo del año en más de US$ 2.000 millones extra de recaudación. El ritmo de liquidación de las exportaciones también es clave: en la medida que los productores supongan que se acelerará el ritmo de devaluación, se aminorará el flujo de exportaciones, golpeando el delicado equilibrio.

El control de las importaciones también es un arma que se usa de manera diferente encada manual: para Economía es una forma de administrar los pocos dólares de las reservas. Para los K es una herramienta para alentar una sustitución de importaciones y cambiar la matriz de producción.

Deuda externa

En este punto, lo que se dice no es lo que se hace. Kicillof dijo, como Guzmán, que había que negociar con los acreedores una deuda que ellos no contrajeron pero que pagarían con otras condiciones. Pero nunca llegó a un acuerdo. Guzmán arregló primero con los bonistas privados y le quedó para el final los organismos internacionales. El acuerdo con el FMI podría extenderse a un plazo de 10 años si se puntualizan algunas condiciones.

Cristina Kirchner ya dijo que no se puede pagar y esbozó que deberían ser 20 los años de plazo. Algo que no está previsto en el propio FMI que acaba de anunciar la desvinculación del último funcionario que negoció el empréstito puente en 2018. Para Guzmán es imprescindible llegar a un acuerdo a más tardar inmediatamente luego de las elecciones, para limpiar el horizonte de una incertidumbre y así delinear la próxima política económica de post-pandemia.

Sus buenas relaciones con personalidades internacionales y la llegada a dichos foros es un punto a su favor. Pero también lo alinean automáticamente con una suerte de establishment global, en la visión del Patria. La prueba de fuego vendrá este mes, con el vencimiento de US$ 2.400 millones con el Club de Paris, acordado en su momento por el entonces ministro de Economía Kicillof que ahora supedita cualquier cumplimiento de pactos con estos organismos a alguna consideración en plazos o intereses.

Las dos posiciones reflejan el dilema al que llega un gobierno frentista cuando el calendario sigue corriendo y los resultados no alcanzan para garantizar una paz electoral que asegure la continuidad de un proyecto. O anticipa lo que vendrá después.

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