Viernes 19 de Agosto de 2022

Hoy es Viernes 19 de Agosto de 2022 y son las 19:43 - Corrientes registra 346 casos nuevos de Coronavirus: 88 en Capital y 258 en el Interior Durante labores de contralor, demoraron a dos personas que circulaban a bordo de una motocicleta adulterada En Mercedes, Salud Pública realiza acciones intensivas para cerrar el brote de Covid-19 El ministro López Desimoni desplegó una amplia agenda de trabajo en el interior Se realizó doble operativo de ablación multiorgánica en Corrientes La campaña de vacunación “casa por casa” ya alcanzó a más de 1.060 mayores de 65 años de la Capital Llegaron vacunas de Astrazeneca, Sputnik V y Sinopharm

27 de junio de 2022

El reclamo de estatizar los planes es un favorazo de Cristina Kirchner a la oposición

La vicepresidenta no piensa desatar el nudo gordiano con el que ella misma ató a la Argentina. Ella simplemente está celosa porque los planes son prácticamente la única caja que no controla.

“El estado debe recuperar el control de las políticas sociales, que no pueden seguir tercerizadas”. ¿Quién dijo esta frase? ¿El economista libertario Javier Milei? ¿La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió? No: fue la vicepresidenta Cristina Kirchner durante un acto en el sindicato estatal CTA en el Día de la Bandera.

¿La “inventora” de los planes sociales y los piquetes súbitamente le reclama al Presidente que la ayuda social la gestione y controle el Estado y ya no más los caciques piqueteros?

Dijo más: que ya que su gobierno había logrado bajar la desocupación a 7 por ciento (en ese aspecto Cristina Kirchner se identifica con el gobierno que se la pasa criticando), sostuvo que directamente no se entiende por qué hay tantos planes.

El problema del trabajo y el clientelismo

 

Cristina Kirchner -probablemente sin querer- puso el dedo en la llaga del problema central que hizo que hoy aquel lugar que atrajo alguna vez a tantos inmigrantes de toda Europa con ansias de progreso sea hoy uno de los países pobres de América Latina y con creciente cantidad de emigrantes: el problema del trabajo.

Y -vaya casualidad- justo fue el kirchnerismo el que en los últimos 20 años agravó ese problema en lugar de solucionarlo: aprovechó el descalabro histórico de la Argentina con el “asunto del trabajo” para “resolverlo” como lo hacen los gobernadores feudales de las provincias más atrasadas: dando más y más empleo público y generando las condiciones legales para que haya el menor empleo privado posible.

La clave de este esquema perverso por el que el líder de turno se convierte en el patrón de la estancia es asegurarse siempre el voto de los súbditos.

En ese esquema, los líderes piqueteros fueron directamente ungidos por el kirchnerismo como una nueva vuelta de tuerca en el sistema laboral perverso de la Argentina: se volvieron una suerte de baronía que controla a los desocupados más pobres que no llegan al privilegio del empleo público, como los nobles del medioevo que avasallaban al campesinado.

Increíblemente, el expresidente Mauricio Macri, en lugar de hacer lo que ahora reclama Cristina Kirchner: terminar con las privatizaciones -o concesiones- de los planes sociales en manos de los líderes piqueteros, eligió durante sus cuatro años de gobierno arreglar con los mismos CEOs de de la pobreza del kirchnerismo y orgullosamente dar más planes que los que ya daba el gobierno de Cristina Kirchner.

¿Cristina Kirchner entendió que el sistema laboral es la causa del fracaso del país?

No: desde luego que Cristina Kirchner no piensa desatar el “nudo gordiano” con el que ella misma ató a la Argentina. Ella simplemente está celosa, porque los planes son prácticamente la única “caja” que no controla, como el PAMI, la Anses, el Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas y tantas otras suculentas fuentes de dinero que le sirven a la organización La Cámpora, que lidera su hijo, Máximo, para hacer negocios y política.

La “lapicera” de los planes sigue en manos del presidente Alberto Fernández, o los terminan controlando piqueteros “inorgánicos”, como Eduardo Belliboni, del izquierdista Polo Obrero, que se fue convirtiendo en el gran azote de los porteños y todos los argentinos que tienen que ir al centro de Buenos Aires a trabajar. Belliboni prácticamente se adueñó de la avenida 9 de Julio.

Planes sociales -o asistencia para los desempleados y más pobres- hay por ejemplo en países tan prósperos y trabajadores como Alemania. No son un invento argentino, que hasta la propia Cristina Kirchner atribuye al antecesor de los Kirchner, el expresidente Eduardo Duhalde, en la crisis de 2002. Y, tal como ahora reclama la vicepresidenta, en Alemania la ayuda social la maneja el Estado. A nadie en Alemania se le ocurriría concederles la gestión de esas cajas monumentales a punteros políticos.

Hoy la Argentina destina más de 2.000 millones de pesos a la asistencia social: imposible dejarle toda esa caja a amigos del Presidente. “Si no la puedo controlar yo, con La Cámpora: ¡Exprópiese!” habría pensado Cristina Kirchner parafraseando al líder venezolano Hugo Chávez.

Para la actual oposición, el reclamo de Cristina Kirchner al Presidente es casi una bendición. No precisan nada más que hacerle caso el día que lleguen al poder, como dicen hoy todas las encuestas que sucedería en las presidenciales del año próximo. Pero necesitan desactivar a los líderes piqueteros, que son los primeros que se oponen a una reforma laboral profunda que facilite a las empresas contratar y que resuelva con el sector privado el gravísimo problema argentino: como el único que contrató en los últimos diez años fue el estado, el déficit fiscal se volvió infinanciable.

El Estado, en todos sus niveles, pasó en los últimos 20 años de la enormidad de casi dos millones de empleados a hoy más de 4 millones. Y si el único empleador de la economía es el Estado, el peronismo podrá asegurarse el voto de mucha gente, pero nunca podrá lograr bajar la inflación que produce semejante gasto público infinanciable.

Faltaría que Cristina Kirchner también reclame que, habiendo por lo menos tres personas de sobra por cada cargo útil en la burocracia estatal, cómo es que todavía no se formó con esos cientos de miles de burócratas muy bien remunerados y sin nada útil que hacer un verdadero “ejército” de asistentes sociales que asuman desde el estado genuinamente la ayuda a los más pobres y terminen con la “privatización” de los planes.

COMPARTIR: