Sábado 3 de Diciembre de 2022

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2 de noviembre de 2022

PRESUPUESTO NACIONAL: La “media Borocotó”

“Borocotó” es el símbolo de la corrupción política. El pediatra dejó una marca indeleble en su vuelta de campana luego de las elecciones de 2005. En el ámbito de las leyes, ello suele suceder. No es necesario hacerlo evidente. Simplemente con ausentarse, se puede jugar para el adversario. Es la dinámica del “toma y daca”, que posibilita obtener fondos y obras a cambio de “distracciones” legislativas.

Por Jorge Eduardo Simonetti - jorgesimonetti.com

Especial para El Litoral

“Los legisladores le dieron sentido a la frase “entre gallos y medianoche”. Sesionan de noche, a horas insólitas, para sacar normas o hacer cambios sin discusión pública. Luego, te enterás cuando pagás los costos. ¿Sabías que vas a pagar más impuestos?

 

Aldo Abram, economista

La política es el arte de lo posible” es una remanida frase que se atribuye a Maquiavelo, aunque muchos le confieren su autoría a Aristóteles, a Winston Churchill y a Bismarck. Sea quien fuere su creador, los hechos confirman la sentencia.

Sin embargo, también la política es muchas cosas, entre ellas su opuesto, es decir, “la política es el arte de lo imposible”. Sólo en ese voluble espacio podemos ver cosas que en otros ámbitos no creeríamos posible, como que un liberal sea funcional a un populista para la creación de un nuevo impuesto.

La discusión del presupuesto nacional 2023 en la Cámara de Diputados de la Nación, en un debate que se inició a las dos de la tarde de un día y concluyó avanzada la mañana siguiente, dejó mucha tela para cortar y comportamientos políticos que analizar.

 Es cierto, también, que la democracia requiere de consensos, acuerdos, debate, diálogo. El poder legislativo es, debería ser, el poder esencial en la misma, es el único que no existe en los gobiernos de facto. Es de su esencia la interacción entre las distintas fuerzas políticas, quién no esté dispuesto a dialogar no es demócrata.

 

 Pero así como es válido el diálogo y el acuerdo entre fuerzas de distinto signo político, también entre esa normalidad suele pasar algún camello escondido en la manada de elefantes, es decir un arreglo “non sancto” que se disimula entre gallos, medianoche, doble moral y estratagemas.

 Son válidos en el ámbito de las leyes los mecanismos de interacción para llevar adelante estrategias de oficialistas y opositores, cómo restar el quórum, votar positivamente en general pero cuestionar artículos en particular, hacer lo contrario, etc.

Sin embargo, todo aquello que es legítimo debe pasar por la publicidad y justificación de las posiciones políticas, es decir, la gente debe saber porque tal o cual fuerza política, tal o cual legislador, vota de una manera u otra, está presente o se ausenta, y muchos otros etcéteras, porque es la única manera de blanquear las ideas y erradicar los acuerdos a las espaldas de la sociedad.

Eduardo Lorenzo Borocotó es un pediatra que adquirió nombradía a raíz de su participación en los medios por razones de su profesión. Se dedicó luego a la política y en 2005 accedió a una banca de diputado nacional integrando la lista de Propuesta Republicana (PRO) liderada por Mauricio Macri. Antes de asumir, se reunió con el entonces presidente Néstor Kirchner y, fotografía mediante, anunció su “pase” al oficialismo.

 

 Esa vuelta de campana se volvió el símbolo de la corrupción en la política, el ser votado para representar determinadas ideas y, sin justificación válida, cambiarse de vereda. Se creó, de tal manera, el término de la “borocotización” como lo peor de la política, aunque, valga decirlo, el pediatra no fue el primero, aunque sí el más alevoso.

Hacer la “gran Borocotó” significa traicionar los principios, las ideas y, fundamentalmente, la confianza pública. Creo que lo sucedido con uno de los artículos del presupuesto 2023, fue algo similar, aunque fuera hecho de manera parcial y subterránea. Por ello, no sería la “gran Borocotó”, se me ocurre llamarla la “media Borocotó”.

 Las principales fuerzas de Juntos por el Cambio votaron divididas. El PRO se abstuvo y los radicales votaron afirmativamente el presupuesto en general. Ambas posiciones fueron públicas y son enteramente válidas, aunque en lo personal considero más adecuada la posición radical debido a que quién gobierna tiene derecho a obtener un presupuesto para la gestión.

 Es decir, se vota afirmativamente en general y se hacen los cuestionamientos en cada artículo en particular. Los libertarios, vale decirlo, Milei y compañía, votaron en contra.

 

Sin embargo, toda ésta normalidad escondió posicionamientos poco claros cuando se votó en particular un nuevo impuesto o tasa, la denominada tasa aeroportuaria, que agrega un cargo fiscal más a los que viajan en avión. La votación, digna del mejor suspenso o de la mayor transa política, terminó 123 a 122 en favor de su sanción.

 A la hora de su votación, casi de mañana, muchos opositores “desaparecieron” de la sesión, desde los libertarios de discurso duro y conductas resbalosas, la diputada “cansada por las horas de debate, hasta algún que otro radical que nada explicaron (aunque se intuye la orden de sus jefes territoriales, en las negociaciones del “toma y daca” de las necesidades provinciales).

Lo de Javier Milei raya en lo lamentable, no sólo por la infantilesca explicación de la ausencia de su bloque, sino fundamentalmente por la verdadera subestimación a la inteligencia media de la sociedad. Decir que ellos no le hacen el juego a la “casta” (y él, ¿qué es sino parte de ésta?) y que votan las leyes en general, pero no en particular, es desconocer el abc legislativo. Su ideologizado discurso político es meramente tribunero, jugó el juego para que el kirchnerismo cree un nuevo impuesto que sin su ausencia no lo hubiera logrado. Un liberal siendo funcional a un populista para sumar una nueva carga fiscal a la sociedad.

Aunque estén en los extremos ideológicos, los izquierdistas Nicolás del Caño y Alejandro Vilca se mimetizaron con la posición libertaria, y se ausentaron para permitir el ajustado resultado en favor de la tasa aeroportuaria.

 

Margarita Stolbizer fue menos elaborada y más directa. Se justificó en el “cansancio” de tantas horas de debate y pidió disculpas.

Pero hubo un par de radicales que hicieron lo mismo, aunque nada explicaron sobre las razones de su ausencia a la hora de votar ese artículo. Uno de ellos fue protagonista fundamental en el debate en particular sobre otros temas, aunque a la hora de votar la tasa aeroportuaria, no sabemos si fue al baño, a tomar un café en el bar de enfrente o qué, la cuestión es que habilitó el ajustado triunfo oficialista. ¿Quo vadis?

Fueron 11 los opositores que posibilitaron el nuevo impuesto con su ausencia, con distintas explicaciones, ninguna clara, o sin explicaciones como el radical.

Creemos que la política necesita de estrategias legislativas pero nunca de estratagemas para ocultar acuerdos políticos que se disimulan o camuflan bajo pretextos fútiles. Uno de los fundamentos de la democracia es la capacitación de los electores. Es cierto que nos falta bastante para alcanzar ese objetivo, pero no tanto como para tragarnos los sapos de posiciones legislativas injustificadas, que a la postre significan, moralmente, hacer la “media Borocotó”.

 

 Finalmente, comenzó a conocerse el cargo por viajar en avión como la “tasa Milei”, un justo apodo que le da sentido a la apretada votación. Sin embargo, también podrían agregársele otros nombres, haciendo referencia a todos y cada uno de los once opositores que posibilitaron su sanción.

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